Pobreza, burocracia y capital

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Fuente: Cultura Colectiva

Por ahí en una nota de la semana pasada se mencionaba que en nuestro país existen más o menos 5 mil programas de combate a la pobreza, que se extienden desde el orden federal, pasando a los órdenes estatales y municipales. Aun así, nada cambia en la nación de los 55.3 millones de pobres, y contando.

Toda suerte de articulistas, investigadores, críticos, gran parte de la academia y los medios, consideran que el problema es la falta de articulación entre las políticas y programas de los distintos órdenes de gobierno y a cargo de una multiplicidad de instituciones. A ello se pueden sumar la corrupción, el desvío de recursos, la errada asignación del presupuesto, la interminable nómina, la falta de preparación de quienes aplican los programas, los Duarte, los Peña, o como quieran llamarle. La solución que proponen es unificar programas, eliminar aquellos que estén duplicados -sí, hay programas duplicados-, buscar asesoría de especialistas y preparar mejor a quienes ejecutan los proyectos.

Existen, por otro lado, varias organizaciones como Oxfam que han denunciado ampliamente que la pobreza es causa de la desigualdad en la distribución de la riqueza de nuestra sociedad. ¿Qué sociedad? La sociedad capitalista. ¿Esto se dice apenas? No, por supuesto. Hay una larga lista de movimientos sociales, organizaciones, científicos, escritores, mujeres y hombres que han dedicado su vida entera a defender esta idea y a denunciar las injusticias dentro del capitalismo.

Sin duda existen diferencias profundas entre los países europeos y aquellos en América Latina, y de éstos con África. Pero todos ellos, -incluida Corea del Norte, Cuba y Venezuela, por más aislados del mundo capitalista y por más socialistas que se autodenominen- se inscriben dentro del capitalismo, un sistema socioeconómico, político, cultural y normativo que no tiene ni geografía definida, ni hace distinción de nacionalidad, etnia, género, lengua, sexo, etc. Es decir, que el capitalismo nos circunscribe a todos. Ni la última tribu del Amazonas que permanecía en el aislamiento pudo escapar de las sedientas cámaras del National Geographic o de las publicaciones de Infobae y de la BBC.

Así pues, para el caso de México, aplicable también a muchos otros países en el globo, el problema de la pobreza no radica tanto en la excesiva burocracia y en la incompetencia del Estado para aplicar efectivamente los programas que se asigna. Radica en la histórica y estructural desigualdad provocada por la injusta distribución de la riqueza que redunda en una injusta y desigual participación política.

El Estado y la totalidad de su aparato se inscriben dentro de este contexto. Si sus mecanismos y procesos no funcionan es porque éste siempre ha respondido a los intereses del capital, lo mismo hace quinientos años que en la actualidad. Y dentro de los intereses del capital siempre han estado tanto el acaparamiento ilimitado de riquezas materiales como la acumulación egoísta de agencia política y control burocrático que permita tal acaparamiento de riquezas.

El Estado ha sido, es y será el capital. Si al capital le funciona trabajar con mano de obra barata, poco exigente y sin estudios que lo eximan de pagar más y mejores salarios y que le permitan incrementar sus márgenes de ganancia; si al capital le es útil tener compradores (consumidores) de sus mercancías poco críticos, poco selectivos, poco preparados y además dependientes; si al capital le sirve que las personas estén por completo desposeídas de sus propios medios de subsistencia y que no puedan prescindir del trabajo asalariado; si al capital le conviene que las personas estemos absolutamente desarraigadas de nuestros recursos naturales y que no busquemos defenderlos, no importa que existan 3 mil, 5 mil o 10 mil programas de combate a la pobreza o similares, los pobres se quedan pobres por ser útiles al capital; ellos, su fuerza de trabajo y sus recursos, tanto sociales, culturales como cognitivos y naturales.

México es pobre porque su gobierno es tapete de los negocios del capitalismo global, no por la excesiva burocracia. O dicho de otra forma, existe una excesiva burocracia en México porque nuestro gobierno es tapete del Gran Dinero, con mucho del cual nuestros servidores públicos y gobernantes no pueden diferenciarse.

Alonso Merino Lubetzky

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